El crecimiento del turismo en Andalucía y su impacto actual
Artículo
12 de julio de 2026
Andalucía, y en particular la Costa del Sol en el sur de España, forman uno de los destinos turísticos más conocidos de Europa. Sus playas, ciudades históricas como Málaga, su clima, sus paisajes y su patrimonio cultural atraen a millones de visitantes. El turismo ha traído empleo, inversión y una imagen internacional positiva a la región.
Sin embargo, el turismo también ha transformado el litoral mediante la construcción masiva con hormigón y edificios de gran altura. Ha afectado a las economías locales y a los barrios residenciales. Muchas personas de la zona ya no pueden permitirse comprar o alquilar apartamentos o casas y se ven obligadas a considerar opciones como compartir vivienda, abandonar la ciudad o mudarse a las afueras.
El comienzo del turismo de masas
Andalucía no era un destino turístico muy conocido antes de la década de 1950. Durante el régimen franquista, España promovió el turismo internacional para atraer inversión extranjera y estimular el crecimiento económico. El aumento de los ingresos y las vacaciones pagadas en el norte de Europa hicieron que los viajes internacionales fueran accesibles para más personas. El clima cálido de España, sus precios relativamente bajos y su extensa costa la convirtieron en un destino atractivo. El turismo también se convirtió en una forma de modernizar la economía española y acercarla económicamente al resto de Europa occidental.
A lo largo de la Costa del Sol, municipios como Torremolinos, Benalmádena, Fuengirola, Marbella, Mijas y Estepona cambiaron rápidamente con la expansión de hoteles, bloques de apartamentos, carreteras y urbanizaciones vacacionales.
La ciudad de Málaga se benefició de este crecimiento gracias a su aeropuerto, su puerto, sus conexiones ferroviarias y otros servicios. Al principio, la ciudad siguió siendo principalmente una capital de provincia, un centro comercial, una ciudad portuaria e industrial. Su desarrollo como destino de sol y playa se hizo más visible durante las décadas de 1960 y 1970.

Inversión e intereses externos
El desarrollo turístico inicial estuvo impulsado principalmente por inversores, promotores y figuras políticas de fuera de Andalucía. Entre ellos había empresarios extranjeros y empresarios procedentes de otras partes de España, como Cataluña, Valencia y Madrid. Muchos proyectos también fueron apoyados o facilitados por el régimen franquista.
Las empresas y los propietarios locales también participaron, pero muchos de los proyectos más grandes fueron financiados o controlados desde otros lugares. Andalucía proporcionaba el territorio, la mano de obra y el entorno natural. Pero las decisiones de inversión importantes se tomaban a menudo fuera de la región y una parte considerable de los beneficios también iba a otros lugares.
El economista andaluz Manuel Delgado Cabeza describe esta historia como una forma de «colonización turística». Utiliza este término para explicar cómo el territorio y la mano de obra de la región estuvieron al servicio de centros económicos con mayor poder financiero y político. El término describe un desarrollo regional desigual y una dependencia económica.
Empleo y nuevas oportunidades frente a una prosperidad desigual y el aumento del coste de la vivienda
El turismo creó oportunidades para la población andaluza como alternativa al trabajo agrícola, que a menudo era estacional y estaba mal pagado. Generó empleo en la construcción, los hoteles, los restaurantes, el transporte, el comercio minorista y otros servicios. El turismo también ayudó a muchos pequeños negocios, como bares y restaurantes.
Pero no garantizó la prosperidad de toda la población local. Muchos empleos en la hostelería, la limpieza y otros servicios turísticos siguen siendo estacionales o están mal pagados. Esto se vuelve especialmente problemático cuando el coste de la vivienda aumenta mucho más rápido que los salarios locales.
La transformación del litoral y su coste ecológico
La expansión del turismo estuvo estrechamente relacionada con la construcción a gran escala a lo largo del litoral. Esto incluía hoteles, apartamentos vacacionales, segundas residencias, puertos deportivos, campos de golf y complejos residenciales.
En muchos municipios costeros, grandes partes del terreno más cercano al mar han sido urbanizadas. Los paisajes naturales y las zonas agrícolas se han reducido o han sido sustituidos por edificios e infraestructuras. Greenpeace sostiene que este desarrollo ha contribuido a la erosión y a la pérdida de hábitats naturales.
El turismo también aumenta la demanda de agua y energía, además de ejercer una presión adicional sobre el transporte y la recogida de residuos, especialmente durante los meses de mayor afluencia.

El turismo entra en los barrios residenciales
Antes, el turismo se concentraba principalmente en hoteles y complejos vacacionales. Las plataformas digitales como Airbnb y Booking han facilitado la transformación de apartamentos y casas normales en alojamientos de corta duración. Como resultado, el turismo se ha extendido a los centros históricos y los barrios residenciales. Un ejemplo es La Trinidad, en Málaga, que se encuentra muy cerca del centro de la ciudad y que a menudo se anuncia en estas plataformas como si estuviera «en el centro».
Para un propietario individual, el alquiler turístico puede resultar económicamente atractivo. Una vivienda alquilada por noches puede generar muchos más ingresos brutos que la misma vivienda ofrecida mediante un contrato de larga duración. Sin embargo, cuando muchos propietarios toman esta decisión, quedan menos viviendas disponibles para los residentes permanentes. Esto aumenta la presión sobre los precios de los alquileres y hace que sea más difícil para los trabajadores locales y los jóvenes encontrar una vivienda. Pueden verse obligados a vivir en las afueras, fuera de la ciudad o con un compañero de piso.
La turistificación también afecta a mucho más que los precios de la vivienda. Puede cambiar el carácter y la vida diaria de un barrio. Cuando los residentes permanentes son sustituidos por una población de visitantes que cambia constantemente, las redes comunitarias pueden debilitarse. Los comercios locales pueden ser sustituidos por servicios de almacenamiento de equipaje, tiendas de recuerdos, restaurantes turísticos y otros negocios dirigidos principalmente a los visitantes.
La renovación y la inversión pueden mejorar el aspecto exterior de una zona. Los edificios abandonados pueden ser restaurados, las calles pueden recibir más atención y pueden abrir nuevos negocios. Pero estas mejoras no benefician necesariamente a todos por igual. Un barrio puede parecer más limpio, moderno y valioso. Pero, al mismo tiempo, se vuelve menos asequible para las personas que han vivido allí durante años.
¿Adónde va el dinero?
Se dice a menudo que el turismo crea riqueza. Es cierto, pero esto no explica cómo se distribuye esa riqueza. Dicho de forma más sencilla: ¿adónde va el dinero?
Una parte permanece en Andalucía a través de los salarios, los impuestos, los proveedores locales y el gasto de los visitantes. Algunos pequeños negocios locales dependen directamente del turismo. Al mismo tiempo, las cadenas hoteleras internacionales, las plataformas de reservas y las empresas de inversión pueden tener su sede en otros lugares. Por tanto, una parte de los ingresos generados por el territorio, las infraestructuras y la mano de obra andaluza sale de la economía local.
Las comunidades locales también pagan el precio mediante una vivienda cara, la congestión del tráfico, el consumo de agua, los daños medioambientales, el ruido en las calles y la presión sobre servicios públicos como el transporte.

Encontrar un mejor equilibrio
Hablar de las consecuencias para la población andaluza no significa culpar a los turistas ni rechazar por completo el turismo. El turismo está profundamente conectado con la economía andaluza y ha traído oportunidades que no deben ignorarse. Pero el crecimiento económico no puede ser la única definición del éxito.
El reto para el futuro es encontrar un mejor equilibrio: recibir a los visitantes y, al mismo tiempo, proteger la vivienda, la vida de los barrios, la cultura local y el entorno natural que hicieron atractiva a Andalucía desde el principio. Los espacios naturales también necesitan protección, mientras que el agua, el transporte y el espacio público deben gestionarse teniendo en cuenta los límites medioambientales y las necesidades de los residentes.
El reto consiste en evitar que los destinos turísticos de éxito se vuelvan inaccesibles para sus propios habitantes. Entre las posibles medidas se encuentran limitar los nuevos alojamientos turísticos en las zonas saturadas, hacer cumplir las normas sobre licencias, proteger la vivienda residencial e invertir en viviendas asequibles.
Los turistas y propietarios individuales pueden asumir la responsabilidad de sus propias decisiones, pero los políticos tienen el mayor poder para hacer posible un cambio real y ayudar a mantener Andalucía habitable para los andaluces.
Fuentes y lecturas adicionales:
- Manuel Delgado Cabeza, “Sobre la colonización turística de Andalucía”, Revista de Economía Crítica, issue 41, 2026.
- Gema Zamarreño-Aramendia et al., “Spanish Tourist Industry During Franco’s Regime”, Culture & History Digital Journal, CSIC, 2024.
- Spanish National Statistics Institute, Tourism Satellite Account of Spain, 2024 figures.
- Spanish National Statistics Institute, Measurement of Tourist Housing in Spain.
- Greenpeace Spain, “Basta de turismo depredador” and Destrucción a toda costa 2025.
Este artículo también incluye observaciones personales y comentarios de Andaluseeya.
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